martes, 5 de agosto de 2014

Ni tragedia ni apocalipsis


Unos mails deslavazados, meramente informativos: 
que operan a su madre, que va a un concierto de guitarra, que ya tiene cita para el dentista... 
y que lo mismo lo deja su nueva novia antes de que termine el verano, dice en broma. 
Contesto escueta. 
Herida. 
Es mejor que nos separáramos antes de que se nos muriera el amor de hastío y, aún así, jode. 

jueves, 31 de julio de 2014

Ejercicio de enajenación


Un sentimiento de cansancio parece invadirlo todo,
pone polvo de fracaso en los rincones más recónditos 
del alma.
Es difícil escapar a la inercia absurda de lo cotidiano... 
Te miras al espejo y eres de repente una desconocida,
una extraña desalentada a quien intentas observar
y a veces intentas querer.
Pero la desconocida no espera nada de ti, 
sólo que la dejes en paz...
y que una amnesia caiga sobre la realidad
como manto de arena compasiva.

viernes, 25 de julio de 2014

Crónica inexistente de Terradillos de los Templarios


Cuando el autobús me soltó en medio del páramo, de forma simultánea me golpearon el viento y el vacío. 
Alrededor de mí y de mi mochila (que el conductor echó al suelo sin contemplaciones, al tiempo que cerraba de golpe el portalón del maletero) unas calles desiertas, con casas oscuras de puertas cerradas. 
Eché a andar por una cuesta abajo, sin más criterio que no tener que subir, y llegué a un albergue: lleno total, imposible quedarse, ni siquiera en una colchoneta en el suelo. Me indicaron otro en las afueras, cerca de donde me dejó el autobús (subiendo la cuesta, naturalmente). Una chica italiana, único ser vivo en la calle, me dijo que en ese albergue tampoco había sitio porque el viento frío había hecho que se quedasen en el pueblo más peregrinos de lo habitual, tratando de evitar los embates de esa tarde inhóspita. 
Fui a la iglesia, por si estuviera abierta o hubiera algún atrio donde pasar la noche, pero (igual que las casas) estaba cerrada a cal y canto. 
Eran las 18,10 h. y las rachas de viento soplaban cada vez más fuertes. Miré unas hojas impresas de la Guía del Camino -cortesía de Eroski- y vi que el próximo albergue estaba a unos cuatro km. hacia el oeste. Cargué la mochila y eché a andar pegada a las casas de paredes de adobe. Entre el marrón del barro asomaban hilos de paja dorada que brillaban con la luz del atardecer: era un efecto muy bonito, quizá la única nota de color alegre aquella tarde. 
No vi abrirse ni siquiera una ventana mientras salía por la misma calle por la que entré.
Me sentí como una de esas visitas inoportunas que llegan con pasteles a una casa ajena un domingo por la tarde. 
Volveré cualquier día por allí. Me gustaron esas paredes adustas bordadas con pajitas doradas.

Ahora, en esta tarde sedentaria y sometida al tiempo que marcan los relojes, echo en falta la sorpresa permanente, llegar a lugares extraños a cualquier hora, depender de mis piernas, de mi mochila, de la amabilidad de los desconocidos.


miércoles, 23 de julio de 2014

Palabras que arropan


No. Yo no necesito que me cubran con cálidas palabras
ligeras como edredones.
Ni cuidadosos susurros para flor de invernadero.
Necesito palabras sinceras y claras, aunque su tacto en la piel sea más áspero
palabras que salgan del corazón y caminen sin miedo  
que tiendan puentes entre nuestros mundos de cartón
que nos ayuden a entender (nos)

martes, 22 de julio de 2014

El miedo y yo


Esta tarde me propuse visualizar el miedo. 
Lo encontré fácilmente en una de sus formas habituales.
Me miró... Lo miré... 
Lo miré y me di cuenta de que es algo demasiado ridículo como para temerle. 
Me acerqué a él. Le planté cara. Le dije que no le temía.
El miedo bajo la mirada, hizo como que buscaba algo en el suelo y se escondió tras la buganvilla blanca. 
No se dio cuenta de que yo estaba aterrada y que no puedo asustar a nadie.

lunes, 21 de julio de 2014

Mi amigo me contó


Mi amigo me contó un sueño que había tenido la noche anterior. 

En su sueño había muertos que habitaban un planeta morado, hermanos siameses que se odiaban, mujeres hermosas y desdichadas, hombres seductores que enseñaban sus cicatrices, pistoleros que atravesaban en el aire un dólar de plata, pozos envenenados, cabras flacas en un oasis, cartas misteriosas que nadie leía, pájaros azules, desertores, sonatas de Mozart, tormentas de arena, seres despiadados que lloraban por amor antes de arrojarse por un terraplén inmenso...

Nadie cuenta las cosas con más entusiasmo que él ni con más habilidad narrativa. 
Yo me cambiaría por él sin dudarlo. 
Porque yo soy un ser vacío, un tipo oscuro y huraño, sin imaginación ni ideas ni sueños que contar. 
Cuando colgué el teléfono, la habitación se quedó tan muda y tan oscura como yo mismo.
Vámonos, le dije a mi perro con un gruñido. 
Al pasar por delante del espejo del pasillo vi reflejado a Akio con las orejas tiesas, moviendo el rabo contento y sujeto a su correa roja. 
No había nada más en el espejo. Yo no estaba al final de la correa. Hasta ese punto he desaparecido.

domingo, 20 de julio de 2014

Intento


No fue posible que combinaras con mi vida:
no combinas con mi pelo recogido
con mis vaqueros gastados
con mis sandalias de cuero
con mi vida a la deriva y
con mis ganas de saltar por la borda 
a cada paso

con el lado kamikaze de mi alma
con las rarezas de alegría que me hacían 
reír a deshoras

con mis faros amigos para llegar a puerto...

Yo no combinaba con la tuya
de marca y oropel.


Me voy. 
Me llevo mis fantasmas en la mochila.
Nunca conocí a los tuyos.