domingo, 25 de mayo de 2014

Inaccesible, lejano





Estás ahí.
Miro a través del desgarro de tu nube y puedo verte.
Inaccesible, lejano...
Sé que no vendrás.
A veces llegan los bárbaros aunque no los estemos esperando.
Yo no los espero.

viernes, 23 de mayo de 2014

El inmortal


Metió los dedos en un enchufe y se electrocutó
se metió bajo las ruedas de un tren de mercancías que pasaba
se tiró de un avión a seis mil metros de altura
se ahogó en un lago de lágrimas
se clavó un dardo en la aorta 
le dieron siete tiros desde una azotea cercana
lo apuñalaron en un callejón del puerto de Brest...

Y a pesar de todo eso siguió vivo.
Pero nadie lo quería.

Pobre... pobre...
Tanta inmortalidad para nada.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Carlota


Me llamó Juanjo bastante apesadumbrado, con la voz de caverna que suele poner ante los grandes contratiempos. 
Cuando nos sentamos a la mesa, antes incluso de pedir los cafés, me dijo:

—He discutido con Carlota... en realidad, creo que hemos terminado —y me miró como a punto de llorar.

—¿Que ha pasado? —le cogí la mano, que temblaba levemente.

—Lo de siempre... 

Juanjo encontró a Carlota en Roma, en un congreso al que fue solo y sin ganas. Ya lleva con ella tres años largos, pero es verdad que, desde el principio, ha sido una relación tormentosa, llena de encuentros tórridos y desencuentros como espadas. Los celos de Juanjo son el principal causante de todas las rupturas que ha habido entre ellos. 
Los celos y la necesidad absoluta de vivir un gran amor lleno de sobresaltos. 
Carlota es una mujer inventada de pies a cabeza: en su físico y su carácter, en sus amoríos, en su biografía (trazada con detalles puntillosos hasta decir basta, incluso en cosas estúpidas, como cuando tropezó en un escalón de Santa María del Fiore y se rompió la esquina de uno de los incisivos superiores, incisivo que volvía loco de amor a Juanjo, porque le gustaba ese pequeño desperfecto y porque le recordaba el maravilloso viaje a Florencia, a poco de conocerse). Toda ella es un invento de Juanjo.
Así es Juanjo: detallista. Fantasioso.
Me habló del nuevo desencuentro, de su herida infinita, de su miedo a perderla... Yo no sabía qué decirle. No es fácil tener un amor así. Le dije eso y le dije, como otras veces, que tratara de entenderse con Carlota. 

Hace días que no sé nada de él, y eso significa que inventó la manera de hacer las paces con Carlota y seguir adelante en su fantasía vital. 
Afortunado.

jueves, 15 de mayo de 2014

Gaviotas


Me desperté sobresaltado en mitad de la noche.
Escuché...
Eran chillidos de gaviotas. Quería seguir durmiendo, pero mis sueños se llenaban de aves ofensivas, enloquecidas y gritonas. 
Al clarear el día decidí salir de ese duermevela inquietante a golpe de cafés y de un paseo tempranero.

La playa estaba cubierta de peces muertos. El mar era una balsa de mercurio y cada ola depositaba suavemente un nuevo cargamento plateado sobre la arena. En el horizonte se veían grandes barcos grises. Las gaviotas llenaban el cielo con júbilo de festín.
  
Me he encerrado en casa, pero la radio no emite nada desde hace días... y tengo miedo.

sábado, 10 de mayo de 2014

Soledad de cipreses

(Van Gogh)

La mañana dilata soledad de cipreses.
Los ángeles de piedra aun dormían
cuando tú te marchabas de cara al horizonte
por caminos sin vuelta.

Sé que tenías el corazón dolido
y preferiste dejarlo reposar.

Ve tranquila, no nos mires...
tenemos congelada la sonrisa
en un adiós eterno.

viernes, 9 de mayo de 2014

Silencio



Paré en un claro del bosque. 
Dejé la mochila en el suelo y me senté sobre una piedra grande. La luz verde se iba degradando hacia verdes amarillentos: el sol bajaba rápido y el albergue aún quedaba lejos... 
Escuché. 
A mi alrededor se desarrollaba una sinfonía llena de sentido y de belleza. 
Un pequeño arroyo, a mi izquierda, saltaba con acordes de agua viva; la brisa susurraba entre las hojas de los árboles, que a su vez se rozaban, como besándose; algunos aleteos lejanos. 
Poco a poco, fui también diferenciando un caos de minúsculas voces que cantaban juntas en esa hora lenta del atardecer: insectos voladores, hormigas, mariquitas y otros pequeñísimos animales, millones de ellos, entre la hierba, realizaban su trabajo y su vida tamborileando sobre el tapiz de las hojas secas.  
Esto es el silencio, me dije, ha venido a mi encuentro como un viejo amigo injustamente olvidado. 
Un vuelo de pájaros puso la nota final a la melodía profunda y mágica del mundo en  aquel momento. 
Agradecí la generosidad de la naturaleza, agradecí la presencia del silencio, mi amigo, cogí la mochila y seguí mi camino.

jueves, 8 de mayo de 2014

Escena primera


Escena 1ª
 
El escenario está vacío y oscuro. Vacío, salvo por una mesa en el centro.
 
Aparece por la izquierda una persona adormilada, con el pelo revuelto, intentos repetitivos de bostezos; va sujetando una taza con mano de plastilina, por lo que el café del interior tiembla como con un estremecimiento de fiebre... La mujer (sí, mejor una mujer) llega torpemente hasta el centro del escenario, donde está la pantalla de un ordenador sobre el escritorio (un foco de luz cae sobre él en ese momento, para realzar su importancia) y se sienta delante...

(¿Cómo representar esa lasitud? ¿Cómo traducir en un sonido la rotura del alma? ¿Qué puede hacer o decir la persona de la taza temblorosa cuando se sienta ante el ordenador y abre el correo y encuentra el vacío?...)

La mujer despeinada abre el correo, toma un sorbo de café mientras se abre la página. la pantalla da un fogonazo en blanco que ilumina una lágrima y el esmalte de la cerámica de la taza. Se enciende entonces la luz de la habitación (de la escena, digo) y entra un adolescente
 
--Mamá ¿dónde está la camiseta que te dije...?