martes, 14 de octubre de 2014

Luz fría, viento cálido


Era un día soleado de luz fría tras una noche de lluvia. 
Recordó de pronto entre tiritones el viaje a Berlín, hace muchos años, con aquel chico medio raro... y tan triste. 
No sabe por qué soltaron (los dos, pese a tanto amor) los sutiles hilos de tela de araña que los unía. El aura desapareció como diluida en la lluvia helada del norte. 
Y luego vino el olvido y la vida seguía...
Envuelta en una manta busca un refugio para la memoria. Encuentra cartas perdidas, un lamento (antiguo) de él sobre la gran nostalgia que sufre, una dirección de correo electrónico que de golpe brilla como un faro... 
Escribe: 
Mi amigo querido, no te dejes golpear por la nostalgia. Cuando mires y nos veas juntos a la orilla del agua, esperando que se apague el sol ese día, siente la alegría de haberlo vivido así, con las manos unidas y los corazones felices. Yo me siento tan bien de haber estado ahí contigo, que me sale la risa de puro agradecimiento. 
La manda.
Espera frente a la pantalla. Entra un mail. Abre. 
Ven. 
Eso es todo. Como si el tiempo hubiera girado con el viento cálido de levante, como si el amor siguiera intacto... 
Ven. 
Y ella suelta la manta, coge el mapa de siempre, las llaves del coche...

jueves, 9 de octubre de 2014

Notas al aire


Coge notas al aire
participa con unas pocas puntadas de guitarra
en un complejo tejido de melodías...

Despierta el eco olvidado de una felicidad elemental.

Lo he aparcado en mi pensamiento y ahí la grúa tiene poco que hacer.

domingo, 5 de octubre de 2014

Regresar a mayo


Si yo no anduviera siempre confusa y trastabillando
entre mis fantasmas y mis contradicciones
quizás supiera algo...
y pese a no saber quise volver a mayo
como en una reacción de salvamento
donde habitar al fin.

¿Dónde caerá mayo a estas alturas?

(duele el amor desperdiciado, duele
decirle adios a un sueño)

lunes, 29 de septiembre de 2014

Reglas de juego


Mírame. 
Mírame y dime que tiene sentido 
aunque yo nunca entienda el sentido
(el sinsentido eterno)
de las reglas del juego.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Foto con frío


Debí borrar esa foto horrorosa en la que el frío no es justificación... menos mal que a veces olvido que esa soy yo. 
(No sé por qué queremos congelar determinados momentos, 
si "fijarlos" en una estampa no garantiza la permanencia en ese tiempo mágico)
Ahora elimino las fotos en las que sonreíamos aislados del mundo, tan nosotros que el resto era sólo decorados, paisajes, figurantes...
Pero no. 
Dejaré ésta, justo ésta en la que se me ve pasando frío, y mi gesto es idéntico al de una persona que sabe que va a recibir un golpe una fracción de segundo antes de recibir ese golpe.

Premonitoria foto.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El horizonte y yo


Las mareas siguen como si nada pasara
las gaviotas procrean, comen, 
vuelan
 altas, 
bajan a ras de agua

-la espuma de las olas carga las esperanzas
las deja sobre la arena desparramadas
sin aspavientos
sin tempestades-


El horizonte infinito allí
y yo siempre tan aquí...
tan aquí yo y mis manos frías.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Notas para un naufragio


No he recibido ninguna llamada. 
Leo y espero el fin definitivo del verano 
escucho el rumor de olas cansadas que cortejan las piedras 
de la playa
y de hojas que se sueltan de las ramas
y bailan un instante hasta caer al suelo
derrotadas
sueño con peces atrapados en redes pegajosas
tejidas por arañas
observo el silencio de los susurros que no llegan
escribo notas para el próximo naufragio...

sábado, 13 de septiembre de 2014

Menta y melancolía con miel


creció un brote de melancolía en el arriate de la menta 
junto al jazmín de olor

nadie se dio cuenta y se usó en infusiones 
de hierbabuena y miel

su amargura suave se introdujo en las venas 
de aquella casa 

y pasó al corazón de sus habitantes...
algunos días su efecto se nota más.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Hacía tiempo


Hacía tiempo que no te escribía, 
que no escuchaba a the doors,
que no tomaba té rojo
ni lloraba mirando la guitarra muda
al fondo del viejo armario...
(A veces una emoción traspasa
el filtro gris de los días.
A veces pasa.
Sin motivos, sin excusas)

domingo, 31 de agosto de 2014

Bicicletas oxidadas


Le envió tantos mensajes que las palabras dejaron de tener sentido. Sus frases (tan pensadas, tan medidas y a veces tan poéticas) se le antojaban absurdos cascarones vacíos que navegaban sin encontrar su destino. 
El destino, de hecho, nunca respondió.
Ella sintió (lentamente, fatalmente) que todas las palabras se convertían en bicicletas oxidadas y que vagaba con ellas por una carretera cortada. 

Si supiese dibujar


Me gustaría haberte dibujado un mar tranquilo, un sol radiante 
y nuestras barrigas dorándose con sus rayos. 
Un abrazo de esos que contienen la felicidad de una vida. 
El mundo que cabe en media cama. 
La sonrisa que fluye incontenible arrasando días. 
Si supiese dibujar...

sábado, 23 de agosto de 2014

Engrisecer


El verbo engrisecer avanza como la sombra de "La historia interminable" y a todos nos alcanza de vez en cuando. 
La clave está (supongo) en no dejar que te envuelva por completo, o en fingir que sólo es neblina pasajera, o en poner la fantasía en otro lugar donde la sombra no llegue... 
¿Cómo de gris es la gente gris? 
No, yo no vivo en gris, pero no sé de qué color estoy, supongo que ando en plan arcoiris, según el momento. 
Y tú no puedes engrisecer porque eres tú, el rayo verde que hacía que el tiempo compartido fuera extraordinario, divertido y amable. 
¿Recuerdas aquellos versos?:
               "Puesto que tú me has conmovido,
             en este tiempo en que es tan difícil la ternura..."  
Cuando los recuerdo siempre pienso en ti: tú me has conmovido en tiempos de difícil ternura. 
La vida es una gran estafa, dices. 
¿Qué puedo añadir? hoy sólo ves grises por todos lados, pero un día se rasgarán esos tonos aburridos y y habrá colores. 
Procura verlos. 
Y luego, cuéntamelo. 
Te espero.

viernes, 22 de agosto de 2014

Trono de piedra en el lago


...digamos que dos amantes paseaban por la orilla de un lago y que faltaba poco para la puesta de sol, y digamos también que uno de ellos andaba descalzo de un pie, con un calcetín y un zapato en la mano. Andaban los dos (uno más rápido, claro, porque el otro se clavaba piedrecitas en el pie) y se reían mucho, como si vinieran de alguna actuación humorística, cosa rara por ese lugar. Buscaban un sitio cómodo y seco para ver la puesta de sol. 
Uno de ellos vio una enorme piedra con un hueco que le daba forma de asiento, bueno, en realidad, dijo que era un trono. Como era bastante amplio se sentaron los dos, y para invocar la marcha del sol sacaron un libro que llevaban en una mochila verde para liliputienses. 
Era un libro de poesía. Cernuda. 
Ella, que conocía bien ese libro, buscó una poesía que le pareció adecuada al asiento y al momento. Ellos eran los reyes de esa tarde en el lago, y desde el trono compartido contemplaban aquel paisaje tan bello. La poesía hablaba de la soledad del rey en su trono. Y con la seriedad que otorga un pie descalzo, él se la leyó, y el sol no dudó que lo mejor era marcharse. 
Y lo que después ocurrió solo esos dos lo saben... 

jueves, 21 de agosto de 2014

humo de hachís


Navego en mi memoria sorteando escollos
para encontrarte
a ti, que fuiste el habitante asiduo
de todos mis espacios, de todos mis deseos
y de todos mis miedos
pero ahora sólo existes en mi recuerdo
como una forma nebulosa y lejana 
como el humo del hachís.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El peregrino del paraguas rojo


Lo vi por primera vez en el patio de un antiguo convento, ahora albergue de peregrinos. Estaba sentado en el suelo en postura de meditación y ni nos miró a quienes nos acercamos a ver el claustro. Al rato empezó a darse golpecitos en las piernas con un manojo de hierbas que olían a menta y limón. Pensé quedarme allí, por el aura de paz que desprendían tanto el lugar como ese peregrino ensimismado, pero eran las 11 de la mañana y llevaba sólo siete km ese día, demasiado pronto para parar, así que, pese al impulso, decidí seguir mi camino como tenía pensado...
Al día siguiente finalicé la etapa antes de lo previsto, por cansancio. Paré en una aldea con una antigua escuela reconvertida en albergue. Cuando llegué, allí estaba él, sentado en la puerta, con la mochila a su lado, mirando un horizonte de monte y bosque. No paró nadie más allí ese día. Pasamos la tarde haciendo yoga (yo siguiendo sus movimientos) y dando luego un pequeño paseo por los alrededores. Cuando oscureció comimos, compartiendo un bocadillo y tres plátanos. No hablamos apenas. Manejábamos distintos idiomas. Cuando nos acostamos lo hicimos en la misma cama estrechísima. 
Era curioso: todas las literas libres y los dos juntos en la misma. 
Aún de noche, salí del nido de su cuerpo y preparé mi mochila; él me observaba callado. Nos despedimos en la puerta del albergue, en la oscuridad y el frío del monte. Mientras me abrazaba, me susurró unas palabras bellísimas cuyo significado no entendí. 
Tres días después paré a desayunar en un bar de la carretera. Llovía y yo estaba junto a la ventana. Entonces lo vi pasar, con su enorme mochila y cubierto por un paraguas rojo. No lo llamé. Dejé que se alejara mientras me tomaba otro café con leche. 
En Santiago lo busqué; paseaba por la ciudad esperando encontrármelo en cualquier sitio, esperando tropezar con el destello rojo de su extraño paraguas.
Cuando iba en el autobús camino del aeropuerto lo vi sentado en la escalinata de una iglesia. Al pasar el bus por su lado levantó la vista y me vio tras el cristal de la ventanilla... Nunca olvidaré esa última mirada nuestra.

sábado, 16 de agosto de 2014

Monótonamente yo


Los días que habito amenazan derrumbe.
Decido naufragar de golpe para no ir a la deriva
por estas largas horas tormentosas.
Mis sueños caen sobre mí como lluvia ácida,
mis deseos son ya agujas de hielo 
mi esperanza es agua sucia derramada. 
Se desvanece una nueva oportunidad para vivir en paz
y sigo siendo monótonamente yo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Mi abuela


Mi abuela se sentaba ante la gran mesa de la cocina, de tapa de mármol, desde por la mañana. Allí pasaba la mayor parte del día. Le gustaba preparar las comidas favoritas de todos; le gustaba vernos entrar y salir de su reino de olores; le gustaba ver la cara que poníamos cuando hacía empanadillas y le gustaba que nos quedáramos un rato observando sus manejos con la masa y con el relleno y luego viéndola cortar la empanadilla con el rodillo de bordes dentados. 
Eso decía ella... Que le encantaba la cocina y tenernos cerca a mucha gente a quien dar de comer. Tenía siempre una expresión plácida en su rostro severo. Parecía sentirse bien así. 
Pero ¿le gustaba todo eso de verdad? ¿O había asumido que su vida era una cocina por donde pasaba "su" gente y que mejor llevar esa cruz con buena cara? Parecía sentirse feliz cuando llegábamos de vacaciones nietos y bisnietos y con nosotros la algarabía, el desorden y el cansancio permanente. 
¿Es posible que fuera feliz así? ojalá que sí, pero...
Para mí es difícil de entender. Me abruma tanto jaleo. Me enfado con la gente y sus modales. Me cabrea ser explotada sin consideraciones y no ser capaz de poner límites más estrictos. Me agobia no poder conectar conmigo misma y con mi vida durante el período vacacional.
Y odio la cocina y sus afanes.

martes, 12 de agosto de 2014

Compré merengues


Separarnos siempre era tener que tragarnos una dosis muy amarga de realidad. 
Al más puro estilo Mary Poppins decidí endulzar esa píldora. Compré merengues, los puse en el asiento del copiloto y salí del pueblo por donde me indicaron que era la salida más rápida a la autovía. 
Se hizo de noche enseguida, llovía, y fui conjurando la soledad y la tristeza comiendo nubes de merengues blancos y rosas. Me fui poniendo blanca, rosa y pegajosa; luego se pusieron así el volante y la palanca del cambio de marchas... 
Luego me estrellé en aquella curva tan cerrada que siempre temía, ya sabes la que digo. 
Por eso, amor mío, no me esperes en la siguiente cita. 

lunes, 11 de agosto de 2014

No pudo ser


No pudo ser. 
La noche me golpeó con un desaire.

Luego el despertar artificial, 
mis pasos de zombi hasta la cafetera,

la ducha, vestirme,
meter mis cosas en la mochila,
dejar las llaves,
salir sin mirar
y hasta sin dar un portazo.

(soy un Sísifo que se esfuerza por seguir
y seguir respirando)
Esquivar el pensamiento y la conciencia es el reto inmediato.

domingo, 10 de agosto de 2014

Finjamos


Vamos a fingir que todo es normal.
Sí, vamos a fingir eso.
Miremos al mar, sonriamos, y todo parecerá normal.
Pensaba que habría un límite para todo,
para lo surreal y disparatado también...
pero parece no existir ese tope y que cualquier cosa puede suceder
en este verano extraño
y en nuestra anormalísima normalidad.
Dejemos correr las cosas, finjamos.
Llegará luego el otoño, y el invierno
de frío y puertas cerradas
y allí repararé los daños,
pagaré las cuentas.
¿Cómo serán de soportables esas cuentas?