sábado, 16 de agosto de 2014

Monótonamente yo


Los días que habito amenazan derrumbe.
Decido naufragar de golpe para no ir a la deriva
por estas largas horas tormentosas.
Mis sueños caen sobre mí como lluvia ácida,
mis deseos son ya agujas de hielo 
mi esperanza es agua sucia derramada. 
Se desvanece una nueva oportunidad para vivir en paz
y sigo siendo monótonamente yo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Mi abuela


Mi abuela se sentaba ante la gran mesa de la cocina, de tapa de mármol, desde por la mañana. Allí pasaba la mayor parte del día. Le gustaba preparar las comidas favoritas de todos; le gustaba vernos entrar y salir de su reino de olores; le gustaba ver la cara que poníamos cuando hacía empanadillas y le gustaba que nos quedáramos un rato observando sus manejos con la masa y con el relleno y luego viéndola cortar la empanadilla con el rodillo de bordes dentados. 
Eso decía ella... Que le encantaba la cocina y tenernos cerca a mucha gente a quien dar de comer. Tenía siempre una expresión plácida en su rostro severo. Parecía sentirse bien así. 
Pero ¿le gustaba todo eso de verdad? ¿O había asumido que su vida era una cocina por donde pasaba "su" gente y que mejor llevar esa cruz con buena cara? Parecía sentirse feliz cuando llegábamos de vacaciones nietos y bisnietos y con nosotros la algarabía, el desorden y el cansancio permanente. 
¿Es posible que fuera feliz así? ojalá que sí, pero...
Para mí es difícil de entender. Me abruma tanto jaleo. Me enfado con la gente y sus modales. Me cabrea ser explotada sin consideraciones y no ser capaz de poner límites más estrictos. Me agobia no poder conectar conmigo misma y con mi vida durante el período vacacional.
Y odio la cocina y sus afanes.

martes, 12 de agosto de 2014

Compré merengues


Separarnos siempre era tener que tragarnos una dosis muy amarga de realidad. 
Al más puro estilo Mary Poppins decidí endulzar esa píldora. Compré merengues, los puse en el asiento del copiloto y salí del pueblo por donde me indicaron que era la salida más rápida a la autovía. 
Se hizo de noche enseguida, llovía, y fui conjurando la soledad y la tristeza comiendo nubes de merengues blancos y rosas. Me fui poniendo blanca, rosa y pegajosa; luego se pusieron así el volante y la palanca del cambio de marchas... 
Luego me estrellé en aquella curva tan cerrada que siempre temía, ya sabes la que digo. 
Por eso, amor mío, no me esperes en la siguiente cita. 

lunes, 11 de agosto de 2014

No pudo ser


No pudo ser. 
La noche me golpeó con un desaire.

Luego el despertar artificial, 
mis pasos de zombi hasta la cafetera,

la ducha, vestirme,
meter mis cosas en la mochila,
dejar las llaves,
salir sin mirar
y hasta sin dar un portazo.

(soy un Sísifo que se esfuerza por seguir
y seguir respirando)
Esquivar el pensamiento y la conciencia es el reto inmediato.

domingo, 10 de agosto de 2014

Finjamos


Vamos a fingir que todo es normal.
Sí, vamos a fingir eso.
Miremos al mar, sonriamos, y todo parecerá normal.
Pensaba que habría un límite para todo,
para lo surreal y disparatado también...
pero parece no existir ese tope y que cualquier cosa puede suceder
en este verano extraño
y en nuestra anormalísima normalidad.
Dejemos correr las cosas, finjamos.
Llegará luego el otoño, y el invierno
de frío y puertas cerradas
y allí repararé los daños,
pagaré las cuentas.
¿Cómo serán de soportables esas cuentas?



miércoles, 6 de agosto de 2014

Mi idioma favorito


Mi idioma favorito es el de los gestos cotidianos 
cargados de ternura como por descuido, 
fáciles, domésticos,
tan sencillos que creemos que nacen de la inercia, de la nada,
como parte invisible del paisaje de rutinas.
Un idioma que parece tan corriente...
Pero cuando falta la vida enmudece.

martes, 5 de agosto de 2014

Ni tragedia ni apocalipsis


Unos mails deslavazados, meramente informativos: 
que operan a su madre, que va a un concierto de guitarra, que ya tiene cita para el dentista... 
y que lo mismo lo deja su nueva novia antes de que termine el verano, dice en broma. 
Contesto escueta. 
Herida. 
Es mejor que nos separáramos antes de que se nos muriera el amor de hastío y, aún así, jode.